viernes, 4 de agosto de 2017

HOLÍSTICA, INTEGRAL... ME CONFORMO CON SEGUIR, QUE NO ES POCO


Cada vez hay más literatura relacionada con el cáncer. Cada vez más especialistas (y no tanto) se afanan en darnos consejos sobre cómo llevar nuestras vidas, tanto para prevenir la aparición del puñetero mutante como para aumentar la supervivencia una vez lo tenemos instalado de inquilino.

Mis estanterías se colman de libros que, con independencia de fuentes, estudios, vivencias o experimentos con ratones, comparten el objetivo de dar consejo.  

Los que me conocen saben que cuando hago algo concreto me enfrasco y me dedico a ello como si no hubiera un mañana. Si me da por pintar, puedo estar días sólo con el pincel en mano. ¿Que lo que me apetece es la repostería? Los cebo a todos de galletas y bizcochos (algunos reconzco que incomibles, que aún no le tengo cogido el punto al sugarfree). ¿Que lo que interesa es encontrar el mejor sujetador uniteta? Quemo internet con páginas de sostenes o, mejor dicho, camisas de fuerza, porque no parecen otra cosa.

Yo creo que un poco de mindfulness hay en todo esto, sin que los grandes popes se ofendan por ello. Al fin y al cabo, salía hasta en un anuncio de coches, ¿no? Cuando conduzcas, conduce. ¡O algo así!

Ahora estaba más centrada en el tema de la alimentación, algo que me ha interesado desde el principio, pero que ya le tocaba el turno de convertirse en objeto de deseo de mi atención.

Me da risa, quizás con tintes de admiración porque para mí es actualmente inalcanzable, cuando leo conceptos como mujer integral o mujer holística, que apartando el punto machista que tiene implícito, puede que el trasfondo sea bueno.


Holístico viene de holismo, que según la RAE es la doctrina que propugna la concepción de cada realidad como un todo distinto de la suma de las partes que lo componen. Esto supone que las propiedades de un sistema (o lo que sea), no se pueden explicar simplemente como la suma de sus componentes, sino por cómo trabaja el sistema completo, en conjunto.

Esto en medicina es máxima de ciertas especialidades. Tener en cuenta la persona como un todo, integrando los aspectos físicos, psicológicos, sociales y espirituales. Es lo que me fascinaba de mi especialidad. No trabajar sólo con algunas piezas del puzzle sino con todas al completo, aunque no estuvieran siempre ordenadas.

Me encantaría ser, no una mujer, sino una persona holística, que encuentra el equilibrio de todas sus partes y que conforma su puzzle con las mejores piezas. Pero en este momento me está resultando difícil.
Quiero que mi vida sea un fluir de hábitos saludables y de bienestar, pero hasta ahora no he conseguido más que meter todo casi con calzador. Aliméntante bien, olvídate de esto o de aquello, introduce más esto otro. Haz más deporte. No renuncies a descansar. Queda con amigos. Cuida a tu familia. Quiérete. Medita. Busca momentos de felicidad. Pásate a productos libres de tóxicos. Compra más fruta y verdura, a ver de qué sitio. Vigila tu brazo, vaya a ser que se hinche. No quieres tener linfedema. Mantén orden en la casa. La felicidad viene con el orden. Pero descansa, que te lo pide el cuerpo.
Con todo esto lo que me viene a la cabeza es la prueba que te pasan cuando vas a renovar el carné de conducir. Ésta que es con una máquina en la que conduces con dos palancas manuales por dos carriles con una barra o puntito que quiere ser coche y que debes intentar que no toque los bordes. Se acerca el de la izquierda a la derecha, ¡rápido! desplázalo a la izquierda para que no pite. Pero ¡¡uff!!, has dejado de mirar a la derecha ¡NO! ¡¡¡izquierdaaaa!!! No sé cómo se os dará a vosotros pero yo me sigo preguntando cómo conseguí renovar.


Pues imaginaros todo esto no con dos carriles verticales sino en un tetraedro a modo de laberinto y con diferentes direcciones.

Mi chico me dice que el problema es querer hacer todos los cambios a la vez. No veáis el coñazo que le doy con todo esto. No sé cómo me soporta. Pero… ¿cómo no querer hacer todo lo posible, todo lo que esté en mi mano para que no vuelva a aparecer?

Leo emocionada la felicidad que desprenden muchas compañeras cuando finalizan tratamientos. Yo ya he llevado quimioterapia y me han quitado la mama y los ganglios de  la axila, que es donde estaba. Pero… ¿quién me asegura a mí que no ha quedado alguna célula por ahí suelta? Ni el más preciado oncólogo podría hacerlo en esta fase de mi enfermedad (si lo hiciera dejaría de ser preciado). No quiero difundir miedo; cada caso es diferente, los tiempos son diferentes… Pero es lo que yo tengo.

No tengo claros los conceptos, pero debe pasar un tiempo para poder hablar de curación. Parece que es más estiloso (y prudente) hablar de tiempo libre de enfermedad.

Yo no me atrevo a dar consejos. Solo quiero contar cómo lo estoy viviendo. Soy consciente de que hay cosas que no puedo cambiar. Pero estoy convencida de que si mejoro mi terreno, con cariño, delicadeza y utilizando abono, es más probable que coseche buenos frutos. Las plagas de bichos pueden venir. Los insecticidas y repelentes me los han dado. Estos son fáciles de conseguir. Pero el terreno, nuestro terreno es único y sólo depende de cada uno de nosotros. Quizás el motor del cambio en este momento para mí sea el MIEDO. Aprender a vivir con él, mitigándolo, imagino que será cuestión de tiempo.

viernes, 28 de julio de 2017

LA MONTAÑA RUSA DEL CÁNCER


A una amante de la rutina y el control tener cáncer es de las cosas que creo que más puede trastornar. No soy una maniática del orden ni de la limpieza. De hecho, creo que vivo feliz con mis montones de trastos pendientes de organizar porque, aunque sin orden, sé dónde buscar cada cosa que necesito. Me refiero al control sobre lo que hay que hacer, una planificación.
Antes de saber que tenía cáncer, en diciembre, ya contaba con tres agendas para el próximo año. En realidad sólo quería dos, una para el trabajo y otra para mis cosas personales, pero no terminándome de gustar el formato de una de ellas quise buscar otra aún más perfecta. Para que os hagáis una idea de mi pequeña obsesión con este tema.
Planificar estando en tratamiento activo es prácticamente imposible. Ya no sólo porque los tratamientos pueden ir modificándose sino porque cada día te despiertas de una forma diferente.
Durante estos meses he tenido la suerte de mantenerme con una estabilidad emocional bastante aceptable. Puedo contar con los dedos de las manos los momentos de bajón. Pero últimamente la mochila pesa más de la cuenta.
Una catarsis en todas las esferas que conforman la integridad de la persona. Una tormenta emocional, física, mental y espiritual. Un desequilibrio tan grande que cuesta hasta mantenerse erguido. Todo se tambalea cual bandeja llena de copas de la mano de un camarero inexperto.
Me da rabia reconocer que la fuerzas flaquean y que probablemente no soy tan valiente como se presagiaba. Me entristece no poder seguir siendo ejemplo a seguir. Ahora ya no… Estos días me siento frágil, vulnerable. Estos días cuesta ponerse la armadura para seguir en las primeras filas de batalla.
Esto no significa que me haya derrumbado del todo. Solo que en este momento no puedo transmitiros la misma fuerza que hasta ahora. Me parece hipócrita mostrar sólo la cara positiva del cáncer.
Entiendo que esto forma parte de la normalidad, que es preciso soltar un poco antes que explotar del todo. Este post es parte de la liberación que estoy experimentando estos días. Me doy permiso para soltar peso, despojarme de algunas de mis inquietudes y miedos, aceptando que forma parte del proceso y que son momentos necesarios para rehacerse.
Hay mucho que ya he cambiado estos meses y aún mucho más que quiero cambiar en los sucesivos. Hay gente que me pregunta si tengo ganas de volver a la normalidad de antes. Y lo que yo me planteo es qué había de normal en lo de antes para querer mantenerlo ahora. Es imposible retomar como si nada hubiera pasado. Eso es utópico, falso. Ha pasado, me está pasando. Y mucho.
Por el momento me conformo con seguir siendo junco que baila amoldándose al viento siendo flexible aunque ahora esté un poco rasgado y astillado.
Ayer me pusieron un ciclo más de quimioterapia. No porque haya empeorado. Va todo bien en ese sentido. Sólo para terminar la pauta inicial que se planteó. El último será a mitad de agosto. Si todo sigue como lo esperado, aproximadamente un mes más tarde de la finalización de la quimioterapia, llevaré radioterapia.
Pase lo que pase, venga lo que venga, estemos de subida o bajada de esta montaña rusa, a las lágrimas siempre le siguen sonrisas. Y eso es algo que nunca voy a perder. Es mi sello de identidad.

viernes, 21 de julio de 2017

LO QUE VIENE TRAS LA DESPEDIDA DE LA TETA


Quizás lo previsible, después de una mastectomía, es que eches de menos tu antiguo cuerpo, te sientas fea o poco atractiva, o que se generen sentimientos de rabia por la pérdida. Quizás pueda incluso asemejarse a un duelo, con sus diferentes etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación (según Kübler-Ross). Es lo que había imaginado que me pasaría, pero nuevamente, todo es impredecible y, aunque pensaba conocerme bien, por ahora no he reaccionado así.

Estoy feliz con mi nueva situación. Me encanta mi cicatriz porque, además de bonita, gracias a ella, avanzo en el camino hacia la curación.


Las cicatrices

No hay cicatriz, por brutal que parezca, que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella, algún dolor.
Pero también su fin. Las cicatrices, pues, son las costuras de la memoria, un remate imperfecto que nos sana dañándonos.
La forma que el tiempo encuentra de que nunca nos olvidemos las heridas.

Esta poesía de Piedad Bonnett fue uno de los mejores regalos que recibí días más tarde de la operación. Gracias Ana.

Los cuidados después de la intervención han sido sencillos. De las curas, diarias, se encargaba mi hermana, ¡que se ha hecho enfermera de la noche a la mañana! Un poco de clorhexidina (mejor que el betadine, para que no coloree) y tapar con apósitos. ¡Montábamos casi un quirofanito cada vez que tocaba cura! Toalla sobre la cama, gasas, compresas, desinfección de manos, cámara para fotografiar la evolución… y el “ihhhh” de mi madre cada vez que mi hermana destapaba la herida que, aunque con miedo, se atrevió también a ejercer de ayudante.

Me pusieron dos tubos de drenaje. Estos permiten que los líquidos que se generen en la zona intervenida puedan ser eliminados a unas botellitas de plástico. Así se evita la aparición de una de las posibles complicaciones, que son los seromas (acumulación de líquidos corporales en un zona del cuerpo donde se ha producido un traumatismo o cirugía). Uno partía de la mama y el otro estaba más cercano a la axila. El primero lo retiraron en pocos días, pero el segundo lo mantuve diecinueve. Vivir con tubos que salen del costado no es del todo cómodo, pero no duelen. Guardaba las botellitas en una pequeña riñonera y con camisetas holgadas quedaba muy disimulado.

¡Dormir ya es otra historia! Creo que soy de las pocas personas que duermen -dormía- boca abajo. Eliminando esta opción (espero que provisionalmente) y el lado derecho, las alternativas, para mi gusto, son pocas, y en un afán de simular un pseudoizquierdo-boca abajo, he debido comprimir algún nervio que ha hecho que tenga media mano izquierda dormida. Estos son efectos secundarios de ser una cabezona.

Orgullosa de mi cicatriz, y sin pensar mucho en el receptor de información, la enseñaba incluso en mitad de la calle. Ya me he dado cuenta que todo el mundo no quiere o no está preparado para verla. Pero es que está tan bien hecha…

Además, estoy sorprendidísima con las posibles sustitutas de mi teta pocha. Existen prótesis externas de mama de diferentes materiales, pesos, formas y tamaños. ¡Encontrar la tuya puede ser una decisión tan complicada como elegir novio!

Se compran en ortopedias con la receta que hace el cirujano. Es de agradecer que esté financiada porque hablamos de cantidades de más de 200 euros. Cuando fui a por ella entregué la receta como quien va a comprar una caja de ibuprofeno. No sabía el tinglado de opciones que hay montado. Te pasan a una habitación y empiezas a probarte tetas hasta que te apaña una. Os presento a la mía, que esta creo que no daña sensibilidades 😉 




Antes de la operación, satisfaciendo mi ansia de control, me agencié con una próteis de algodón, muy cómoda, ligera, y bastante más barata. La encontré por internet por 30 euros. Para un postoperatorio es la más indicada.


Los días que he estrenado teta iba como un niño con zapatos nuevos. Sorprendí a mi cuñado con un: “Mira que chula Pedro, tócame la teta”. Aún me estoy riendo de su cara de susto. Con esto y con cada una de las veces que le he enseñado las botellitas medio llenas sacándomelas de la riñonera casi sin previo aviso. Tiene ganado el cielo.

Lo que sí que he llevado mal es la limitación de la movilidad del hombro. La teta no la necesito. El brazo sí. La linfadenectomía axilar (extirpación de los ganglios de la axila) es lo que más condiciona.

He desarrollado una complicación frecuente pero infradiagnosticada que se llama trombosis linfática superficial.  Al quitar los nódulos o ganglios linfáticos en la operación, los vasos linfáticos, que es por donde viaja la linfa, siguen transportándola pero de alguna forma se les derrama, porque ya no están los nódulos. Esto hace que las vasos linfáticos se trombosen y se inflamen. Produce dolor generalmente en toda la cara interna del brazo, hasta la flexura del codo, que es donde me llega a mí, pero puede llegar hasta la muñeca y aparición de unas bandas duras, como cuerdas que recorren la axila, que limitan la extensión.

Es conveniente acudir a un fisioterapeuta especializado para poder tratarlo. Yo he empezado hace muy poquito pero ya estoy notando la mejoría. La fisio me realiza un masaje específico y estiramientos, además de explicarme pautas para la prevención del linfedema, que es lo que más miedo me da. En otro post lo explicaré bien pero por resumir, el linfedema es la complicación más temida por las mujeres mastectomizadas. El brazo se hincha y si no se trata a tiempo, puede ser irreversible.

De momento espero plantarme en mis pequeñas complicaciones tempranas, que además de lo explicado, y un pequeñito seroma que drenaron el otro día, por no quedarme corta y ser una avariciosa, se añade una infección en la zona por donde pasaba el último drenaje. La piel se volvió roja, tensa, hinchada, caliente y me puse con fiebre. Es importante consultar pronto si aparece porque precisa de antiinflamatorios y antibiótico.

Ahora estoy bastante mejor, pero hace unos días, estaba todo tan inflamado y duro que creí tener una coraza, cual guerrera amazonas, de esas que cuentan que se extirpaban la mama para poder lanzar mejor las flechas de su arco. La realidad es que no me considero tan exuberante y me conformo con sentirme como una gamba sin pelar. En breve me quito esa piel dura y me quedo blandita y jugosa como siempre.

viernes, 7 de julio de 2017

IMPERFECTA ¿Y QUÉ?


Me llamaban desde muy lejos. “Ana, Ana…”. Abrí los ojos y allí estaba ella, Fani. Es la enfermera con la que compartía cupo de pacientes en consulta cuando trabajaba. No podía estar más feliz. Había pasado ya (¿tan rápido?), me había despertado, me sentía increíblemente afortunada por ello, y la primera persona que veía no solo era alguien conocido sino ella, mi querida Fani.

Me vienen a la memoria vagamente esos momentos. Cortos y turbios. Como cuando te sumerges en el agua y sales arriba a coger aire. Cada despertar era como una bocanada que recargaba los pulmones. Las pocas pestañas que tengo pesaban y solo permitían flashes de recuerdo.

Ya en la habitación, la 549, de madrugada, el picor en el brazo derecho terminó de despertarme. O quizás al empezar a despertar más pude sentir el picor. Quién sabe. Pero cada vez era más y más fuerte. Desde la axila hasta el codo, por la cara interna del brazo, hasta que comenzó el dolor, a modo de descargas. Fuertes latigazos que recorrían la zona donde bien gustosamente me había quedado con el inofensivo picor. Lloraba. Me hubiera arrancado el brazo. Menos mal que los intentos de relajación (con mi música tranquila) y la medicación no tardaron en volver a sumergirme en el sueño.

Por suerte la recuperación fue rápida. Al día siguiente podía pasear por los pasillos y aquel dolor tan insoportable se quedó en el recuerdo. Visitas, flores y dulces alegraron la estancia.
Cada vez que entraba una enfermera temía que fuera el momento de la cura. Llevaba días imaginándolo. ¿Sería en el hospital o estaría vendada hasta llegar a casa? ¿Querría mirarlo allí, estando ingresada o me esperaría a estar sola, delante de mi espejo? Vendría una enfermera mayor, de las que no sonríen mucho y tienen prisa (que no es que todas las enfermeras mayores sean así pero, la imaginación, cuando estás enfermo, da para mucho!). Sin embargo, no sucedió en absoluto como mi mente había previsto.

Vino mi cirujano, como ya lo había hecho el día anterior, despejando un poco la habitación en busca de mi intimidad. Se sentó sobre la cama y estuvimos hablando, sin prisa. Acogida por su tranquilidad y delicadeza destapó para ver la herida. Aquella cicatriz, mi cicatriz, asomaba limpia, discreta y me atrevería a decir que bonita. El monstruo en el que me había imaginado que me convertiría, irregular, asimétrico y andrajoso, se quedó en una dulce imperfección.

En poco estaba en casa. La cirugía fue un miércoles por la tarde y el viernes a medio día ya contaba con el informe de alta.

Los primeros días han ido realmente bien, sin apenas dolor. Quién me iba a decir que tres días más tarde de la operación pudiera pasearme por las rebajas de mi tienda favorita. Pero otra vez hablamos de despertares tardíos. Poco a poco el dolor se ha ido presentando. No tan fuerte como aquella primera noche, pero me recuerda que estoy recientemente intervenida y que no puedo llevar la misma marcha que antes. Si por mi fuera y los drenajes no tiraran, estaría ya corriendo. Tengo tantas ganas… El otro día me emocioné sólo por ponerme las zapatillas para salir a andar.

Al dolor le acompaña una sensación de hormigueo intermitente y una limitación en la movilidad del hombro. Qué rabia me da querer levantar el brazo y quedarme a mitad. Creo que la linfadenectomía (el vaciamiento ganglionar) axilar es lo que más limita. Cada vez que intento levantar el brazo siento en la axila como si cientos de hilos de lana se deshilacharan. Es algo desagradable.

Durante estos días he tenido sensación de estar curada. Me sentía limpia, como si la enfermedad se hubiera esfumado. La liberación que produce saber que el tumor no habita en tu cuerpo puede confundir. Curada aún no estoy y así me lo recuerdan ciertos índices de riesgo de recidiva. Soy una mujer joven y las células cancerígenas llegaron a los ganglios de la axila. Soy una paciente que tiene alto riesgo. Esto hace que me baje de mi ilusión de curación precoz (llegará algún día) y me sienta como ganado marcado, con un sello de esos que no se borran en la vida: ENFERMA DE CÁNCER. Dudo que, aunque los años pasen y los informes lo indiquen, pueda volver a sentirme curada. El miedo a recaer va a estar ahí siempre. Tengo que aprender a vivir con ello.


Como mi amiga Silvia dice: Hay quien tiene que pincharse varias veces al día para conocer su glucemia. A nosotras nos ha tocado esto. No se elige. Y qué razón tiene.

Ayer fui a la consulta de cirugía para ver cómo iba todo y para retirar drenajes. De momento me he liberado de uno. El otro tiene los días contados.

Hay buenas noticias. Al analizar la pieza quirúrgica han visto que el tumor se había reducido bastante, un poquito más de la mitad. Y que de 4 ganglios que vieron afectos por resonancia, solo en 1 se encuentran células malignas. La quimioterapia ha hecho su efecto. No tanto como a mí me hubiera gustado, pero lo ha hecho.

Soñaba con la respuesta completa. Había hecho cartelitos de colores donde podía leerse “respuesta completa patológica” y que había distribuido por toda la casa. Quería jugar con la lectura subliminar buscando una fuerza inconsciente que recordara mi deseo. Dicen que si deseas algo con mucha fuerza a veces se cumple. Me quedo con que el mío se ha cumplido a medias 😊

De todas formas, aún queda camino por recorrer. No sé seguro cuál es el paso siguiente porque aún debe reunirse el comité de médicos para decidirlo.  Sea lo que sea, quedan todavía días para comenzar la siguiente etapa. Por el momento me quedo disfrutando de esta, la de la recuperación después de una cirugía, porque cada día, mueva más o menos mi brazo, es un regalo.

PD: Aprovecho para agradecer a Asun los cojines que me hizo para poder apoyar el brazo. Me ayudaron mucho los primeros días y son mi salvación para las noches.

lunes, 3 de julio de 2017

PREPARADOS, LISTOS... YA!!!!


Desde que empecé a escribir el blog no quise poner una fecha fija de publicación para las entradas. Escribiría siempre que me apeteciera. Al principio incluso me contenía, por no cansar, ¡porque hubiera escrito diariamente! Pero desde la última vez y hasta hoy no había encontrado el momento adecuado.

Cuando terminó la última semana de neutropenia (periodo de bajada de defensas), con las restricciones que os he contado que conllevaba, quise exprimir cada instante al máximo y confeccioné un calendario en el que apuntaba los planes de cada día. No había hueco libre las primeras dos semanas. Todo lo que no había podido hacer los meses de antes empezaba a ser factible. Se unían tiempo y ausencia de limitación física. Incluso, con al menos 5 semanas por delante antes de la intervención, me propuse un “reto atlético”. Concienciada de que la actividad física era un factor de peso en mi proceso de curación, había empezado a correr durante la quimio aprovechando los días buenos entre ciclos. No hacía más de 500 m corriendo. Cuando conseguía coger ritmo tocaba nuevo chute. Hasta ahora. Tenía más de un mes por delante y sin interrupciones. Me propuse llegar a 5 km de carrera continua.


Disfruté de cada uno de los días como si de vacaciones se tratara. Pude ver a muchos de mis amigos, hacer prácticas de repostera, ir al cine, al teatro, incluso se terció alguna escapada. Me recreaba haciendo la compra. Iba a yoga dos veces por semana y salía a correr días alternos. He de reconocer que fueron días fabulosos.

Sentí alivio cuando supe la fecha concreta de la intervención. Pero a ese alivio se le añadió una necesidad de pausa y reflexión.  Mi cabaña me llamaba.

Conseguí mi reto. Esos 5 km supieron a victoria. El resto de salidas se hicieron más contadas y escogidas.


A diez días de la operación el miedo me paralizaba. Me fallaban hasta las fuerzas. Me había desinflado. He tenido algunos bajones durante estos meses pero, sin duda, este ha sido el más fuerte. Tenía miedo, ahora reconozco infundado, a morir en el quirófano. Una equivocación con la anestesia, una arritmia no controlada… Podían pasar tantas cosas... ¡Los médicos somos los peores pacientes!.

Me preguntaba si había aprovechado el tiempo si era cierto que me iba en unos días; qué pasaría con mi hipoteca, con mis gatos… Incluso llegué a hablar con mi chico acerca de mis últimas voluntades. Y lloraba, lloraba mucho. Hasta que en una cena en casa de mis padres mi madre me dijo aquella frase que ahora considero sanadora: “Perdona que te diga esto Ana pero, menuda paliativista de mierda eres”.

Las lágrimas cesaron y reaccioné. ¡Cuánta razón tenía! Tanto tiempo hablando de la muerte en mi día a día, en mi trabajo, y ¿resulta que ahora era yo la que decía que le tenía miedo? Realmente no me había parado a pensarlo bien. Estaba confundiendo sentimientos. Lo que tenía era rabia si me tocaba no seguir viviendo. Tanto aún por hacer… Y los iba a dejar solos, a mi familia. Eso es lo que más rabia me daba, el causarles sufrimiento. Entendí que no se trataba de miedo a morir. Si la providencia, Dios o el destino decidía que era mi momento, es porque así tenía que ser y lo aceptaba.

Saber que tienes cáncer de alguna manera te sitúa más cercano a la muerte. Siempre he hablado de ella con naturalidad. Es algo que también se aprende en casa. Desde hace años he oído decir a mi padre que no tiene miedo a la muerte en sí, que lo que sí que le asusta es el sufrimiento. Y me lo recordó en aquella cena. En el caso de que fuera mi momento, no iba a sufrir, estaría anestesiada. No habría dolor o fatiga, no habría motivo por el que padecer.

A partir de ahí me tranquilicé mucho. Me sirvieron mucho más esos dos comentarios que las decenas de “es una operación fácil, no va a pasar nada”.

El día llegó, o mejor dicho la tarde. Me habían citado a las 14:30 h. El tiempo de espera antes de entrar transcurrió lento. Estaba animada y bromeaba simulando mi presentación: “Hola, buenas tardes, vengo a curarme” 😊

Me nombraron y me despedí, sintiéndome pequeña e indefensa, pero con la convicción de que iba a salir bien. Inicialmente me pasaron a una sala donde me cambiaron y me pusieron la vía. Allí me acompañaba mi madre. Agradecí enormemente que dejaran pasar a un acompañante. Tras una hora en esa sala mandando mensajes de tranquilidad al resto de la familia vinieron para llevarme a otra estancia, la de preanestesia. Allí estuve sola.

Recordé todo lo que había estado pasando desde que confeccioné aquel calendario. Mis temores y posteriores reflexiones. Pasara lo que pasara no quería que mis últimos recuerdos fueran tristes o angustiosos y decidí pensar en todo lo bueno que había vivido y en lo afortunada que me sentía.

Al poco vino mi cirujano, al que admiro por su capacidad de tranquilizar y ofrecer seguridad. Tras preocuparse por mi estado anímico me explicó otra vez lo que haría y como quedaría. Me sentí protegida y confié, con más fuerza aún, en que todo saldría bien.

Sé que pase a quirófano sonriendo. Los previos y el relajante que me administró el anestesista lo pusieron fácil.

-          ¿Has pensado ya dónde te apetecería viajar Ana?

-          Quiero ir a Nueva York. ¡Pero espera! (reculé), que el viaje es muy largo y no sé si me apetece…

-          ¡Jajajaja! Eso no es problema, te teletransportamos.

Y así fue. No me dio tiempo ni a fijarme en la decoración de la estancia. En dos segundos empecé mi viaje.

viernes, 16 de junio de 2017

MI TUMOR TIENE FECHA DE CADUCIDAD


La gestión de la incertidumbre parece que no entienda de ensayos o entrenamientos previos. Salí de la consulta de cirugía con un “ya te llamaremos”. Cuánto peso tienen esas palabras en una persona enferma. Se habían quedado pendientes algunas preguntas “banales” en cuanto a si debía o no ir mirando prótesis, sujetadores especiales,… Las cuestiones de más peso las eclipsaron.

Los días pasaban y seguía sin saber dos cosas que para mí son importantes: la fecha de la intervención y el resultado de la resonancia de control que me hice al finalizar la quimio que, aunque no iba a modificar el tipo de intervención (porque ya estaba claro que necesito una mastectomía radical), sí tiene implicación pronostica.

Decidí llamar yo cuando pasaron tres semanas de aquella visita. No sabía si era un tiempo normal o quizás me estaba adelantando. Pero me generaba mucha angustia continuar sin saber nada. Me atendió la enfermera responsable de la unidad de mama, como siempre amable y entregada. Mi tumor parecía tener fecha. Si no había ningún contratiempo, el 28 de junio. En cuanto a la reso, como Gurb, sin noticias.
Qué alivio genera conocer una simple fecha. Miércoles, el miércoles 28 de junio será el día en el que te dejaré marchar. Sin rencor, te irás. Y espero que por mucho tiempo. Después de 6 meses de convivencia consciente, 6 ciclos de quimioterapia, decenas de libros leídos, otros tantos cuadros pintados, cientos de kilómetros recorridos en paseos, caminatas y carreras, miles de lágrimas derramadas, tantas como risas en venganza, ese día te irás. Y lo harás llevándote parte de mí. No sólo te llevarás parte de mi cuerpo. Se va contigo mi inocencia, mi ingenuidad y parte de mi preciada tranquilidad, pese a que parezca una contradicción. Ya no concibo vida si no es con tu recuerdo.

Hablando con personas de mi entorno, me ha sorprendido que muchos coinciden en que éste es un periodo que estoy aprovechando al máximo, que no paro y que hago mil cosas. Y es cierto, la enfermedad es una oportunidad para enriquecerse. Pero no me gustaría estar dando una imagen equivocada de lo que verdaderamente supone tener cáncer. Si me veis así es porque me esfuerzo por estar bien. A veces saco fuerzas de donde no hay por no faltar a una clase de yoga o por ir a comer con mi familia. Mis ganas pueden con ese cansancio, que ya no sólo es físico.

Me comparo muchas veces con una mera batería de móvil. Si lo has dejado cargando durante la noche, la buena gestión de su uso te permite disponer de carga durante todo el día. Pero si pasas la mañana utilizándolo sabes que a la tarde no llega (o al menos mi móvil, que ya pide pista por viejito). Los días que salgo a correr es cuando más lo noto. He conseguido mejorar mucho. He pasado de no correr más de 200 m seguidos antes de la quimio a alcanzar los 4 km. Pero a costa de sacrificar horas de actividad del resto del día. Me duele reconocer que no llego a todo. Si hay un plan de noche, tengo que pasar la tarde durmiendo, “recargando”, para poder hacerlo.
Y como decía antes, no es sólo físico. Hay días que pincho, que no estaría para nada más que para quedarme en casa llorando. Pero me niego. Este esfuerzo es incluso mayor que el que realizo con mi cuerpo. Mantenerse emocionalmente estable en esta situación no es fácil. Es fruto del empeño, del sacrificio. A veces no lo logro combatir y me vengo abajo. No lo hago público por no preocupar; ¡y porque salgo feucha! Pero estos momentos también están.
Me doy un margen de tiempo para llorar. Me lo permito. Entiendo que las lágrimas también son necesarias. Pero cuando ese tiempo se acaba hay que pasar a otra cosa.



Hoy casualmente me he topado con un poema de Mario Benedetti que me regaló mi madre al poco de conocer el diagnóstico. Os lo dejo para que lo disfrutéis.



NO TE RINDAS

No te rindas, aun estas a tiempo

de alcanzar y comenzar de nuevo,

aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,

liberar el lastre, retomar el vuelo.



No te rindas que la vida es eso,

continuar el viaje,

perseguir tus sueños,

destrabar el tiempo,

correr los escombros y destapar el cielo.



No te rindas, por favor no cedas,

aunque el frio queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se esconda y se calle el viento,

aun hay fuego en tu alma,

aun hay vida en tus sueños,

porque la vida es tuya y tuyo tambien el deseo,

porque lo has querido y porque te quiero.



Porque existe el vino y el amor, es cierto,

porque no hay heridas que no cure el tiempo,

abrir las puertas quitar los cerrojos,

abandonar las murallas que te protegieron.



Vivir la vida y aceptar el reto,

recuperar la risa, ensayar el canto,

bajar la guardia y extender las manos,

desplegar las alas e intentar de nuevo,

celebrar la vida y retomar los cielos,



No te rindas por favor no cedas,

aunque el frio queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se ponga y se calle el viento,

aun hay fuego en tu alma,

aun hay vida en tus sueños,

porque cada dia es un comienzo,

porque esta es la hora y el mejor momento,

porque no estas sola,

porque yo te quiero.

domingo, 11 de junio de 2017

UNA APORTACIÓN MUY ESPECIAL

Quería que las personas importantes para mí escribieran conmigo mi historia, porque es de todos. Es nuestra historia. He dicho ya en alguna ocasión que considero que el cáncer es una enfermedad familiar. No sólo me afecta a mí, involucra a todo mi entorno. Hoy se une a esta aventura bloggera alguien que para mí es muy especial. Crecimos juntas en casa de mis abuelos mis tres primeros años de vida. Los siguientes, aunque algo más lejos, han estados cargados igualmente de mucho cariño. Una de mis mejores protectoras. Estoy convencida de que sin ella la batalla sería más dura. Mi tía.


Ana nos pidió a la familia una aportación para su blog, yo no se escribir tan bien como ella pero quiero participar con ella en este blog y contar como viví y vivo cada día de su lucha...


La noticia me llego en un día muy señalado por varios motivos era el día de nochebuena y hacía 6 meses que acaba de perder a mi padre a causa de una complicación derivada del alzheimer que padecía. Hasta ese momento pensé que no habría un dolor mayor que aquel que estaba viviendo, ver morir a mi padre fue además de doloroso muy duro pero lo peor estaba por llegar.


Cuando mi hermana la madre de Ana y ella misma nos comunicaron que te tenia un tumor en el pecho y que era malo el mundo se me derrumbó por completo, las oía hablar de tratamiento, quimioterapia, operación... pero todo me sonaba a raro era como si fuera espectadora de mi propia vida pero no podía hacer nada para cambiarla. Solo sabía repetir una pregunta sin respuesta ¿ por qué ella? No solo no era justo es que no podía aceptar la noticia no quería aceptarla. Si en ese momento me hubieran dado la opción de cambiarme por ella la habría aceptado sin dudar no solo porque por edad me correspondería a mi más que a ella tenerlo si no porque haría lo que fuera para evitarle el dolor a ella y al resto de mi familia.


Los días siguientes transcurrieron entre la incredulidad de la noticia, el dolor de la misma y el miedo a perderla, no podía parar de llorar, todavía me pasa tengo días que no puedo verbalizar su enfermedad pero poco a poco la rutina diaria de preguntar a mi hermana como están cada día, estar pendiente de todas las pruebas médicas y estar informada por ellas de todo el proceso hacen que la distancia física que nos separa sea menor. Ver a Ana tan valiente, tan fuerte, tan dinámica, tan FELIZ con mayúsculas a pesar de todo lo que esta pasando hace que yo tenga fuerzas para luchar a su lado y asumir que no tengo la solución a todos los problemas algo que me gustaría tener la verdad pero sobre todo me ha ayudado a valorar la maravillosa y fuerte  familia que tengo, ver la vida de otra manera y a valorar cada segundo que vivo con ellos...


El saber que Ana tiene a tanta gente que la quiere, que la apoya, que esta a su lado, el saber que hay médicos maravillosos que anteponen todo por el bienestar de sus pacientes y saber que no esta sola que es una lucha difícil pero que tiene cura me dan fuerzas para valorar más si cabe la vida.


Ana no solo quiero caminar a tu lado, quiero llegar contigo hasta la meta... y en tu caso la meta esta cada vez más cerca y será la más maravillosa porque significará que estarás curada.


Y esa sin duda será la mejor de las noticias. Te quiero mi guerrera.

Paloma Martínez

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