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martes, 11 de abril de 2017

UNA DE BUENAS NOTICIAS


Dicen de mí los que me conocen que siempre estoy sonriendo. Haga bueno o llueva, haya mucho o poco trabajo, esté cansada o con las fuerzas al máximo, … no pierdo lo que tanto me caracteriza. De ahí el nombre del blog.
Es cierto que los primeros días después del diagnóstico se borró. Pero poco a poco fue haciéndose hueco en las facciones de mi cara. Hoy brilla más que nunca y es que hoy, desde aquel 22 de diciembre, recibo mi primera buena noticia.
Las malas vinieron una detrás de otra: Un bulto en la mama. Alta sospecha de malignidad. Se confirma diagnóstico de cáncer. No está localizado, llega a axila. Probablemente me quede estéril (al menos pude hacer criopreservación de ovocitos). Características del tumor que indican pobre respuesta a quimioterapia. Episodio de neutropenia febril (defensas bajitas junto con fiebre) tras el primer ciclo que provoca ingreso hospitalario. Nuevo pico de fiebre en el segundo con el susto que conlleva, aunque sin ingreso. Retraso del tercer ciclo por nueva bajada de defensas. Y una primera resonancia mamaria de control con informe en mayúsculas y bien claro: NO RESPUESTA.
A pesar de todas estas malas noticias no he dejado de sonreír. Además, me he esforzado mucho durante estos meses. He cambiado hábitos, me he mantenido activa y con la mente sosegada, he llenado mi vida de emociones positivas para que, todo lo que estuviera en mi mano, hiciera la fuerza necesaria para que la quimioterapia avanzara sin el más mínimo obstáculo. Las cuerdas de mi poste estaban bien tensas y firmes.

En el hospital donde me llevan hacen resonancia de mama de control cada 2 ciclos de quimioterapia para ver la respuesta al tratamiento. Esa NO RESPUESTA la viví como un espantoso e inesperado fracaso. Todo lo que habíamos hecho hasta el momento parecía no haber servido de nada. El tumor permanecía intacto.
Conocía “mi bulto” al milímetro y sabía que había disminuido. Hubiera apostado mi mano derecha, mi pierna, ¡cualquier cosa!, por ese descenso en el tamaño que era evidente a mi tacto. Ese informe no podía ser cierto. ¿Me estaba volviendo loca? ¿Me fallaban los sentidos? Fue una terrible decepción.  
Me explicaron más tarde que hay tejido alrededor de la masa tumoral propio de la reacción inflamatoria que se genera. La disminución de este tejido probablemente era lo que me hacía notarlo más pequeño.
Los días previos al segundo control por resonancia no sabía si palparme o no. ¿Y si mi realidad me volvía a jugar una mala pasada? Volvería a ilusionarme si lo notaba de menor tamaño y por más que había pensado en la posibilidad de una nueva NO RESPUESTA, no podía asegurar que estuviera preparada para asumirla.

Ahora tocaba volver a pasar examen. Y hoy al fin sí. Las palabras de mi oncólogo retumbaban bien alto: SÍ HAY RESPUESTA.
Esta vez sí se correspondía mi realidad con la verdadera realidad.
El hecho de que el tumor haya reducido su tamaño me da muchísima tranquilidad. Muy probablemente no se modifique el tipo de cirugía que deben hacerme. Para que esto ocurriera debería tener una respuesta espectacular a la quimioterapia. Pero al menos está controlado. Me hace feliz pensar que el desorden del cáncer no imperia sobre mi cuerpo. Es mi pequeña gran victoria dentro de este largo combate.

Creo que un buen ejercicio para lidiar con la enfermedad, y en general para engrandecer la vida, es el cultivo de la paciencia. Con constancia, esperanza y, sobre todo, paciencia, todo puede llegar. Y si no lo hace, al menos no has sufrido esperándolo.

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