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miércoles, 26 de abril de 2017

MIS CUIDADORES EMOCIONALES


Detrás de la palabra enfermedad asoma tímida otra no menos importante, la de cuidador.
Aunque es cierto que son algunos los días en los que me veo limitada físicamente y necesito ayuda, quiero dedicar esta entrada a otro tipo de cuidado. Al cuidado afectivo que me ofrecen todos los que me rodean.
Os hablaba hace unos días de mi símil del poste y las tres cuerdas. Ahora quiero añadirle una red por encima, ¡cual cabaña india!. Para mi esta red simboliza la red social con la que cuento. Y es lógico pensar que cuanto más tupida esté, más protegerá.
Me resultó casi digno de experimento las diferentes formas de reacción que tuvieron las personas que me conocen cuando supieron que tenía cáncer. Los valientes, como yo los llamo, cogieron el teléfono y marcaron sin dudarlo. Incluso sin saber bien qué tenían que decirme. Cómo los admiro. Entiendo que no fue nada fácil. Los más prudentes escribieron, un poco tanteando. Aquí los tiempos también entraban en juego. Es normal que algunos tuvieran que explorar mucho por otros lados para saber si escribirme era bueno o no.

Hay quien piensa que ante estas cosas es mejor mantenerse al margen. Para mí no. He agradecido cada una de las muestras de afecto que he recibido. Todas, sin dejarme ninguna, me han ayudado.  Lo agradezco muchísimo. Incluso aquellas que solo mandan un beso. Me llegan.
Luego están aquellas personas a las que la información les llegó directamente desde mi voz... Qué duro es tener que decirlo. Las palabras tiemblan y se para el mundo. Pero qué difícil también estar al otro lado. “Ojalá pudiera pasarlo yo por ti y librarte de esto” me decía mi madre.



Caminar con cáncer a veces es como hacerlo por una cuerda floja. Si llevas poca carga (preocupaciones, miedos, nervios, ...), puedes continuar estable. Los pasos serán más rápidos si aumenta tu confianza. Pero puedes llegar incluso a correr cuando sabes que, si caes, tu red te espera. Yo tengo la suerte de tener una red social tan compacta, tan bien tejida que, si cayera, no cabría más que un dedo por sus agujeros.


Sé que soy muy afortunada por ello. No me cansaré nunca de dar las gracias. A todos ellos les debo parte de mi fortaleza y bienestar.
Creo que sería bueno, para quien no se ve seguro caminando con su red o su cabaña india anda algo desprotegida, que intentara reforzarla. He encontrado, sin buscar mucho, asociaciones de pacientes, grupos, talleres, … ¡Hay recursos! Sólo hay que querer encontrarlos.

Yo tenía necesidad de conocer personas que estuvieran pasando lo mismo que yo. Las redes sociales, esta vez las cibernéticas, me han ayudado a conseguirlo. He coincidido con mujeres estupendas, que desprenden energía y la contagian. Me gusta sentir que estamos juntas en esto. Sus alegrías son las mías. Compartimos.
El apoyo social se traduce en emociones y comportamientos positivos. Todo suma.

Y para sumar aún más, siguiendo la inspiración de una compi de camino, a la que también agradezco enormemente su presencia, incluiré en el blog colaboraciones de personas especiales para mí. Si alguien también quiere aportar, solo tiene que decírmelo. Construiremos juntos esta historia.

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